SOY LA Q

 

Soy la “q”. El poeta que creó las letras me hizo con una sola patita, ¡¡y en minúscula!! porque hay otra “Q” pero más gordita y con una pequeña cola. Aunque en realidad yo no soy una letra, soy un signo, y los signos se enamoran de las letras. Hace poco que vi a una “À”, con su pañuelo fucsia en la cabeza, y me enamoré de ella. Estaba delante de una ene y le seguían la ge y otras más, pero ella era, ¡¡mayúscula!! Que encanto de “À”, con dos piernas, no como yo, un solitario apoyo que me sostiene.

El escritor suele ponerle a la A una línea horizontal sin ninguna expresividad. La À que yo conozco, tiene una línea curvada con sus extremos elevados, es su sonrisa.

Dicen que la “q” sólo puede tener a su lado a la “u” o la “a”, que puede ser mayúscula o minúscula. En mi caso nunca he conocido a la “u”, y si a la “A en dos ocasiones”, divino error del escritor que siempre agradeceré. En otras páginas del libro de mi vida he estado con la “M” en cinco ocasiones, muy diferentes todas ellas; la “N" y la “G” y la “L”.

El escritor de mi biografía se equivoca pocas veces, así que me parece que estar al lado de la “À” va a ser imposible.

A ella la veo siempre en las críticas literarias, yo en cambio aparezco en las de arte, no son mundos opuestos y muchas veces se entrelazan, así que nunca se sabe.

He estado en otras páginas, la última era un cuento sobre una Naviblioteca; el escritor se equivocó a medias, me puso dónde no debía, pero no al lado de la “À”.

Eran páginas llenas de fantasía e ilusión, tengo la esperanza que al menos en ese mundo mágico, el único de los mundos donde la estupidez no existe, consiga volver a encontrarme con el pañuelo fucsia y la sonrisa de la “À”.

El autor de la Naviblioteca estuvo a punto de empezar el cuento con un “Àquella mañana…”, pero decidió un “Me levanté de la cama…”y creo que ahora se arrepiente. ¡Deseo tanto que la escritora de la “À” sea más atrevida que mi biógrafo!

¿Se equivocará algún día y me pondrá junto a su “À”?