SILENCIO

 

Silencio, silencio, silencio, no despertéis a los niños, dejadles dormir, que sigan soñando, que sigan imaginando; fijaros en aquel de pelo rizado, canoso de tanto soñar, delgado para ocupar sólo el espacio necesario, ved sus sueños, su mente frotada como lámpara de Aladino imagina a una doncella de ojos negros, no muy alta, también para ocupar sólo el espacio necesario, dice que la ama, aun cuando la ve volar alejándose de su mirada; silencio, silencio, silencio, ¿no oís sus gritos ahogados de amor? Sueña de noche, en la oscuridad, para ver más resplandeciente la presencia de su amada doncella, no os acerquéis a sus oídos, os puede tentar la sinrazón de despertarlo de su engaño, no desdibujéis sus ojos alegres tras los párpados que los protegen, duerme en su locura, estira incluso los brazos hacia el infinito, tan lejos cree a su amada que no hay faro cegador que lo alerte de su inminente encuentro con las rocas, y qué más da si tan sólo es un sueño, aunque crea haber acariciado un día su espalda y notarla caliente como entre las plumas blancas de un cisne no le digáis la verdad, silencio, silencio, silencio, que puede despertar.