LOS MÓVILES DE LUÍS Y ANA

 

Luis, i Ana, habían concertado un encuentro después de cinco años sin saber el uno del otro. Su amistad devino en una corta relación sexual, puro sexo, decían ellos, eran así, simples, sin prejuicios y prácticos en todos sus actos, nunca en sus vidas hubo ningún hecho de importancia que hubiera perturbado sus conciencias, pero aquel día sintieron una cierta incomodidad, un escondido presentimiento detectaba extrañezas en el ambiente que pronto envolvería sus vidas.

 

Se citaron en un café del centro. Él llegó primero, esa puntualidad siempre gustó a Ana que pocos segundos después bajaba del taxi. Mientras Luis se entretenía con su móvil, ella, por su espalda, le rodeó con sus brazos sin darse cuenta en qué se ocupaba él, estampándole literalmente el móvil en su cara. Tras la sorpresa y aturdido abrazó a su amiga que había permanecido en “stand by” durante cinco años. Al fin se sentaron y su móvil descansó sobre la mesa. Ella se fijó en el celular, pequeño pero con muchas prestaciones, ciertas sinuosidades en sus contornos lo hacían agradable al tacto. Apretó inconscientemente sus muslos como sintiendo toda la potencia de ese minúsculo misil de las comunicaciones.

 

Luis distrajo la mirada de Ana, fija en el móvil, con una pregunta de rigor.

¬ ¿Qué es de tu vida?.

¬ Bueno, no te lo vas a creer -contestó- pero me he casado con Ramón, ¿te acuerdas...?

 

En ese momento sonó el móvil, la reacción de él fue instantánea, ni Clint Eastwood en, “El bueno, el feo y el malo”, fue tan rápido desenfundando su revolver. Lo colocó junto a su oreja tras ver el nombre en la agenda y dijo.

¬ Silvia, acabo de leer tu mensaje, pero no he podido contestarte porque iba a charlar con una amiga...(...)

Tras las primeras palabras de Luis, Silvia le contestó con un largo monólogo olvidando por completo la amiga que esperaba seguir la conversación. Mientras, él dirigía atentamente su mirada hacia la mano de Ana, ésta, sujetaba un móvil que lo sedujo profundamente. Cuando por fin Silvia decidió despedirse, él dijo a Ana.

¬ Es el primer modelo de la serie plus de Nokia que veo.

¬Precisamente es un regalo de Ramón -respondió- es muy detallista, ¿recuerdas el día...?

Sin poder terminar la frase sus dedos interrumpieron una melodía digital que sonaba desde el Nokia 7 plus.

¬ ¿Sí? -pronunció ella en postura de colocarse un pendiente en su oreja- Aún no tengo respuesta de la oferta a Gestiones Finam -siguió-, Marcos te dará los últimos informes que redactamos ayer, de momento tenemos la financiación aprobada por Digital Intercom.

Mientras él escuchaba con cierta indiscreción la conversación, el Ericson Flash sonó de nuevo. Allí estaban, dos grandes amigos impacientes por reencontrarse teniendo conversaciones a distancia con otros ajenos a su encuentro.

 

Sería muy aburrido seguir con las diversas llamadas que ambos tuvieron durante su encuentro, ni siquiera cuando vino el camarero separaron el teléfono de sus orejas, se limitaron a indicar con el dedo la bebida que deseaban. Sólo algunas miradas de disculpa pueden interpretarse como los pocos signos de comunicación que intercambiaron a lo largo de cuarenta y cinco minutos.

 

Fue entonces cuando un interlocutor de Luis, le llamaba para informarle que Linda Bush presidenta de los E.E.U.U., había lanzado un ataque masivo contra Irak, guerra que nunca pudo llevar a cabo su abuelo a pesar de reiterados intentos.

En el mismo momento que Luis dirigió la mirada hacia su amiga para anunciarle la gran noticia, ella apretó con sus manos el móvil para comunicarle lo que él ya sabía. Ambos continuaron atentos a sus interlocutores para conocer los detalles del ataque. Sus miradas giraron hacia el resto de clientes sentados en el café, algunos también tenían su móvil activo y por sus caras de sorpresa parecían escuchar la misma noticia. De repente, todos empezaron a manipular el portátil, fuera Nokia 7 plus, Ericson Flash, o cualquier otro modelo intentando recuperar la comunicación.

 

Las sirenas de los bomberos detuvieron el esfuerzo de todos aquellos incomunicados, inmediatamente aparecieron unos policías que los obligaron a salir a la calle. Al parecer, aviones caza no identificados sobrevolaban la ciudad. Los dos amigos fueron de los primeros en salir del local. En la calle, la gente corría en todas direcciones, unos tropezando con otros. Los empujones los separaron, mientras los servicios de seguridad dirigían como podían las avalanchas. Ella fue llevada por un agente escaleras abajo del metro, y a él lo subieron a uno de los autobuses preparados para evacuaciones de emergencia alejándolo de su amiga. Intentó llamarla con el celular, cuando alguien le advirtió que los Iraquíes acababan de destruir los satélites de comunicación entre móviles. Quedó abatido, no sabía dónde se encontraba su amiga y cómo estaría, de hecho no sabía nada de ella desde hacía cinco años y tal vez había perdido su oportunidad.

Mientras el autobús se dirigía a las afueras de la ciudad, Luis se quedó pensativo con la mirada fija en su móvil, intentando recordar algo de aquel Ramón que se había casado con Ana...