LOS ÁTOMOS HUMANOS

 

El doctor en ciencias físicas, Wilhem Kempfhor, se dispuso a mirar a través del microscopio atómico. Cuando consiguió enfocar, observó aquel núcleo de neutrones y protones envueltos por electrones que giraban a su alrededor. Hoy en día, este tipo de microscopio, ha llegado a poseer unas características de observación muy precisas, pero lo que empezaba a ver Wilhem estaba fuera de toda posibilidad. Aumentando la precisión de zoom apareció una imagen increíble, vio a una mujer sentada en el taburete de un bar, con sus piernas dobladas en equilibrio y gesticulando nerviosamente. El átomo-mujer vibraba como ninguna otra partícula conocida. El doctor, siguió sus aumentos a través del soporte informático adosado al microscopio. A través del monitor, una imagen pixelada mostraba a otro átomo con una composición diferente, tres electrones en lugar de uno. Este átomo aparecía en forma humana, semejante a un hombre de aspecto Punsetiano, término que procede de un conocido filósofo catalán del siglo XX. El nerviosismo de aquel átomo-hombre se mostraba en su devoración por la comida que ambos compartían. En algunos momentos el roce de aquellas dos partículas generaba una energía desconocida y muy elevada. Las repetidas fricciones de aquellos dos átomos, generaron una molécula extraña. El análisis informático, mostraba un cuerpo mecánico hoy en día desaparecido, también del siglo de nuestro filósofo catalán, la llamaban, moto-honda. Wilhem, llamó a sus compañeros de laboratorio, en el momento que llegaron pudieron ver a aquellos dos átomos-humanos montando sobre la molécula-mecánica. Tal mezcla energética los proyectó a una larga distancia, deteniéndose junto a la molécula madre de nuestro planeta, H2O. Los átomos-humanos se separaron de la molécula-mecánica. Permanecieron todo el tiempo juntos, sus movimientos eran menos nerviosos, aunque mostraban -para llamarlo en términos comprensibles-, pasión. Tras mucho rato de intercambio energético, volvieron a unirse al elemento-mecánico, proyectándose de nuevo en el espacio. Recientes estudios no han confirmado la necesidad de alimentarse de ciertas partículas, pero en el caso que nos ocupa parece confirmar esa hipótesis en el sentido afirmativo. Se repitió la fusión por tercera vez, humana-mecánica. Esta vez el trayecto fue mucho más corto.

De nuevo solos, pero juntos, los átomos-humanos con cierta indecisión de movimientos generaron una energía aún más potente, nuestros físicos la llaman, Ansia Mayor de Orden Radial, sus siglas AMOR, expresan un deseo de proyección en todas direcciones de la energía. Tras la fusión de aquellas dos partículas, se originó una nueva molécula para nosotros desconocida. Así que habrá que esperar algún tiempo para determinar su composición química. Lo que sí podemos confirmar, es la necesidad de alimentación de esas partículas, por tercera vez las vimos en parecida situación. Minutos más tarde, ambas partículas-humanas se separaron mediante una pequeña chispa energética. El asombro de Wilhen y su equipo de investigadores tienen ahora un largo proceso de observación, que si no produce resultados reveladores, siempre habrá dejado una huella emotiva y profunda en sus ánimos.