LÁGRIMAS DE LLUVIA

 

Estaba de pie, con las palmas de las manos abiertas recogiendo la lluvia del cielo. Sus lágrimas, caían de sus ojos mezclándose con el agua. Se preguntaba porqué se encontraba otra vez solo, sin la compañía de aquella mujer que amaba tanto. Supuso que él no era el hombre que ella quería para sí, había diferencias importantes que por su parte era capaz de sobrellevar, pero ella jugaba con ventaja y no estaba dispuesta a ceder en su egoísmo. Era evidente que la relación no tenía el equilibrio necesario para triunfar. La belleza, la juventud, la simpatía y la atracción que ejercía sobre otros hombres le daba la arrogancia de saberse deseada y tener el privilegio de escoger. ¿Pero porqué le hizo entender que él era el escogido cuando casi nunca le mostraba su afecto y a menudo le humillaba con sus desaires y desaprobaciones? La posición de aquel hombre enamorado en esa relación era de abnegación y entrega absoluta a los caprichos de ella, la peor de las estrategias para seducirla.

La conocía bien, su pasado sin cariño, sus acciones huidizas, sus inseguridades, pero también apreciaba su valor e inteligencia. Al comienzo de la relación, había recibido su amor, sus muestras de estímulo hacia su trabajo y la admiración por sus cualidades creativas, pero era evidente el progresivo descenso de esas muestras de cariño de ella durante el escaso tiempo que llevaban juntos. Él ya no recibía mensajes o llamadas de añoranza, ella se había desencantado, su imaginación la había traicionado.

Cuando tuvo las manos llenas de lluvia y lloros los lanzó sobre su cara. Se quedó inmóvil, con sus manos pegadas a la cara. En ese instante sintió cómo las acariciaba otras más suaves que reconoció al instante. Eran las de ella, lo abrazó por detrás diciéndole, -te quiero-. Él, se giró besándola en los labios. La lluvia cedió, y unos pequeños rayos de sol aparecieron entre las nubes negras que había sobre ellos.