CUENTO DE NOCHE

 

Se encontraron cuatro letras en el cruce de una calle. La A, salía de una discoteca sin haber encontrado la letra de su vida, la M, bajaba de un taxi, cabizbajo, no pudo dormir en casa de su amante, la O, abandonaba el bar, ese día ni la camarera le prestó atención a sus lamentaciones. La R, ya estaba en el cruce, había permanecido siete horas de servicio en una de las esquinas dando placer a cambio de algunos euros.

Al verse, sintieron la necesidad de conocerse. A, era una letra preciosa, vestía informal y muy seductora, pero nadie se dio cuenta en la discoteca. M, era elegante en su madurez, y volvía de casa de otra letra de pasar una pretendida velada amorosa que acabó en un fiasco. O, andaba tambaleándose, había bebido mucho para olvidar malos recuerdos que parecían estar gravados en su mente, por duplicado, triplicado, cuadriplicado, siempre había el mismo recuerdo a pesar de borrarlo una y otra vez con el alcohol. Y finalmente, R, con sus exuberantes pechos, exceso de maquillaje, y ropa ajustadísima. Cualquiera diría que era una letra, pues no, escondía lo que la P no tiene y la R sí, era todo un travesti.

Se situaron en el centro del cruce, era una noche solitaria, sin tránsito, ellas eran las únicas letras que estaban sobre el papel. Se cogieron de la mano, la primera fue la A, M la siguió, ofreciendo su otra mano a O, que a su vez atrajo la de R.

La unión de los cuatro provocó en ellos una atracción amorosa, así que la elegante M se dejó seducir por los encantos de la A que le propuso ir a su casa. Por su parte, O, descubrió su inclinación por los travestis, y a R, no le costo nada hacer un favor más aquella noche.

Que difícil es hacer coincidir las letras en su sitio, a pesar de que existen parecen no encontrarse, pero en ese caso funcionó.